Zegama tiene un parque muy cerca de su iglesia, cruzando la carretera. Es sencillo, pequeño, como de andar por casa, por no tener no tiene ni unos columpios para que los críos jueguen un rato y los padres se coman la oreja con sus rollos de padres, pero es un gran parque, no hay mucha gente al mediodía y es un gran lugar para llorar tranquilo, sin que nadie te moleste ni tener que esconder la cabeza. Creo que junto con el largo espigón del puerto de Zumaia y el parking al otro lado de la vía del tren en Beasain, es de los grandes descubrimientos de esta temporada para echar el lagrimón como si no hubiera un mañana. Muy muy muy recomendable.
Porque los pueblos de la zona de Estella son demasiado pequeños, y el puente de Mendaro está muy expuesto, por no hablar de Villava, que hay me conoce todo el mundo y no hay forma de pillar un sitio tranquilo. Hay sitios que los padres de lágrima fácil lo tenemos difícil y otros lugares que son una maravilla.
La victoria del triunfito Benjamín Noval el domingo en Zegama estuvo bien, pero lo realmente emocionante fue la llegada de los grupos de cola, entre los que viajaba Miguel, después de seis puertos y dos millones de palos entre los corredores que cortan ahí el bacalao. Un final a la altura del de nuestro Jagoba en aquel puente de Mendaro en su primera temporada de cadete y tantos otros. Historias en las que la llegada a meta se convierte en la mayor de las victorias, las situaciones más abrazables del mundo. Dos flechas directas al corazón.
Y quizás, el mayor de los triunfos de Miguel el sábado pasado fue seguir en bici después de terminar su carrera hasta Tolosa, donde corrían horas después nuestros cadetes, y compartir esa tarde con Adur y Álvaro, los tres juntos después de una mañana de palos y alegrías, porque ese es el mejor de los finales que podemos dibujar a cualquier corredor de nuestro club, la felicidad de pedalear y el acierto de hacerlo juntos.
Preparar al junior Noval está “chupao”, lo difícil, lo necesario y lo que vale es crear en nuestros corredores la base perfecta sobre la que seguir avanzando en los siguientes años, cuando la cándida adolescencia de paso a una juventud que puede ser acojonante si continúan rodando juntos, si alcanzan una meta y al día siguiente toman un café de cuatro horas.
El desenlace del día de Zegama y de otros tantos, es el fruto del trabajo de los equipos por los que ha pasado Miguel, del Cafenasa de Tarazona y el Vizcay de los Pello y compañía, el trabajo que enseña a volver a terminar una carrera y también a ganarla, como lo hace Iñaki López, y a celebrar todo eso juntos. Porque el abrazo no está reñido con el rendimiento ni la clasificación, es la base todo.
El entusiasmo y la ilusión de nuestros corredores se merece todo nuestro tiempo, un tiempo que se convierte en un regalo de ida y vuelta, algo con lo que los entrenadores sonreímos al terminar el día y soñamos al amanecer.
Y este tiempo es una opción para las familias de convertir cada fin de semana en el mejor de los planes, de hacer algo juntos, de conquistar sitios y recuerdos buenísimos. Es un tiempo que va a pasar, como todo, y está en nuestra mano cambiar la santa queja del madrugón y el viaje que tantas veces se escucha, por la maravilla de un amanecer juntos en busca de cualquier meta imposible.
Mis felicitaciones a Benjamín Noval y suerte en tu próxima vida de ciclista profesional, te vas al Ineos de Xabi Zandio, así que vamos a compartir equipo, ni tan mal.
Y gracias siempre a las familias que cada fin de semana se acercan al coche del equipo con los nervios y la sonrisa de su hijo pintada en la cara, otra de las cosas chulísimas que tenemos cada domingo, y recordad que si la cosa se pone muy chunga siempre tenemos el parque de Zegama y a mamarla a parla.
Willow
PD.: El temazo de hoy va directo al corazón de mi amigo Fredi, porque es una canción que me encanta, porque él es fan de Diego Vasallo, porque siempre está preocupado por mi en las cunetas de las carreras y porque le quiero montón.