He soñado con el Joker preparando una menestra de verduras en Napardi, para 30, en plan David Velaz, y de allí a los toros, a andanada 11 con los “Gorkas” y unos “flojicos”, a ver qué pasa.
También con un baño prohibido en las aguas de Eugi, incluso en mis noches a cuarenta grados en casa, me he visto organizando una paellada en los asadores de Oberena, esos que están llenos de súper socios de toda la vida, como los pamploneses y pamplonesas, con mi delantal con el escudo de Oberena y una estrella Galicia en la mano.
Y por soñar lo imposible, como la jota, soñé que Juan Ayuso tiraba de un grupo de ciclistas en su propio beneficio, claro, y en el Tour de Francia, de locos. Porque tirar pensando en otros eso ya no lo veremos nunca, y es un problema de toda una generación de gallos que son tan mediocres que sólo saben ganar. Que nadie les ha enseñado a perder, a ayudar, a ganar cuando gana un compañero. La formación en los equipos de formación que se reduce en disfrazar a un adolescente de profesional, decirle que es el más guapo y esperar a que nos vaya “rentando”, como dicen ahora.
En fin, la ola de calor, San Fermín, el Tour de Francia, nuestros ahorros en la UNAV y suma y sigue. Y no sigas mucho porque me planto en Urdiain, en una carrera que fue la peor de las pesadillas, de la que salimos con tres incendios y un solo helicóptero para apagarlos, pero los apagamos, como siempre.
Porque para eso estamos los entrenadores, para llorar la herida y poner toda la mercromina del mundo para curarla, para buscar un arreglo urgente e imposible de una bicicleta en plenas fiestas de San Fermín, y conseguir así que la rueda no pare de girar (¡gracias David!).
Y en eso hemos puesto toda nuestra entrega. Una entrega que es un compromiso total con los corredores y nada más, porque para hacer la mejor estrategia del mundo en el Tour de Murieta vale cualquiera, pero cualquiera no vale para llorar una descalificación injusta y a traición antes de tiempo, para intentar igualar los medios y las oportunidades a todos lo que participan en un equipo o para pensar que un salto al río, a veces, es el mejor entrenamiento posible.
Voy terminando, los Sanfermines volaron y la temporada ciclista va pasando a toda leche y sin descanso, nuestra temporada con la chavalería, como dice el mundo Scout, y la temporada de Miguel, Adur y compañía, que no da tregua.
Así que ahora nos centramos en rascar un hueco en el césped de Oberena, que esta tan masificado como los encierros de San Fermín, para leer el Diario Vasco y darme un baño.
Porque lo de hacer una paellada en los asadores con la cuadrilla, subir al gimnasio y apuntarme a cualquier campeonato social lo dejo para otra vida, que con ésta ya voy tarde y además me falta la parrilla, la cuadrilla y las ganas de reír.
El otro día creí ver al Joker colándose en la fila del self-service, en pleno salón social, había ocupado una mesa de ocho con la mochila y varias toallas, además iba sin camiseta y sin descalzo, ahí lo dejo.
…..y Ayuso sin tirar, ¡qué follón Willow, qué follón!.
Ánimo con el verano.
Willow
Para el temazo de hoy vamos a recuperar un clásico de Duncan Dhu, en su versión más ochentera, tanto que es de un programa de final de los ochenta, de esos que mi madre tenía la cinta de video lista para grabarme la actuación. Luego yo imitaba a Mikel y Milkel imitaba a Elvis, en fin. El resto, las Libélulas y la vida.