“Darle la vuelta al cuerpo; blog de un ciclista de ultrafondo”

SAN FERMÍN EN MI PARCELA DEL CAMPUS UNIVERSITARIO

Nos preparamos para irnos en San Fermín, pero nos vamos en modo universitario, es decir, con una mano delante, dos bicicletas, y la otra mano detrás, como en un inter-rail que nos llevará a casa de nuestro Cano en Candanchú, previa parada en el Mercadona de Jaca para comprar pasta de marca blanca, que es la mejor, por cierto.


Los pocos ahorros hemos conseguido durante los últimos años los hemos donado a la Universidad de Navarra, que andan justos, como la hostelería en la pandemia, y tenemos que arrimar el hombro todos, salvar a la universidad, ya sabéis. Así cada mañana puedo correr tan a gusto por el campus universitario, pensando que algún centímetro cuadrado es mío y que quizás ese camino que hago corriendo sea el de la pequeña Iciar, cuando como Andi, nuestro mejor adolescente en Toy Story, sea universitaria.


Y mientras la ciudad se prepara para un “todo vale” pero a lo grande, como un partido de Osasuna cualquier domingo que dura siete días, nosotros pensamos en la distancia que une Candanchú y Pau, donde llega el Tour de Francia, y en los kilómetros de las pistas de ski de fondo de Somport para correr al amanecer, porque la subida del Portalet y el Aubisque ya la tenemos controlada.


Atrás quedaron otros San Fermines más viajeros, por Vieux Boucau en las Landas y también por Luz Saint Sauver devorando el Tourmalet y comiendo crepes de Nutella, incluso una vez, hace mil años, llegamos a Paris, pero fue hace mil años, y casi ya no me acuerdo.


Candanchú es un gran sitio para ir en verano, como Cambrils o Calpe es un acierto en Navidad y un disparate si la familia la completa Adur, porque en unas vacaciones cuanta más gente sonría mejor. Candanchú es el patio de recreo del mejor amigo de la historia, Cano.


Así que una vez más, pasamos de los almuerzos, que durante estos días se llaman “almuercicos”, de cantar sin entonar en medio de una plaza y tener que abrazar al vecino que el resto del año te lo cargarías. Tampoco se nos pondrán los pelos como escarpias al ver el encierro, ni la gota en el lagrimal con la jota de San Fermín, ¡qué va!. Ni llamaremos mozos y mozas a cualquiera que vista de blanco y rojo.


Porque, aunque somos “de Pamplona de toda la vida (PTV)”, nuestra patria es el Villavés, es la playa de Capellanes en Salou, el malecón de Zarautz, la brecha de Roland y cualquier meta que cumpla los sueños de del adolescente de turno con la bicicleta. Ahí es donde perdemos los papeles, donde realmente todo vale y donde la gota de lluvia en el lagrimal se convierte en la cascada de Gavarnie.


Además, desde Candanchú, quizás no escuchemos a Samuel Sanchez comentando el Tour de Francia, o en cualquier entrevista vía podcast, hablando de él mismo y de su academia de triunfitos, los que viste de profesionales cuando apenas hacen una ginkana sin tirar un bolo, pero eso da igual, son gente capaz de llamar a Pogacar “Tadej” en plan viejo conocido de toda la vida, y de decirle a Vinguegaard cómo tiene que hacer para ganar el Tour. Lo saben todo.


Os voy dejando, perdón por esto último del Olímpico Sánchez, pero es que no lo aguanto, la verdad, mira que me podía dar igual, pues no, tanta sabiduría y prepotencia saca lo peor de mí.


Ser felices, que cantar sin entonar ni saber la letra también es una opción, aunque a mí ya se me hayan pasado las ganas de hacerlo. Ahora estoy centrado en ver si nos devuelven la pasta de mi centímetro cuadrado de parcela del Campus universitario, el día 15 nos lo confirman, y con eso, quizás el año que viene volvamos a vivir San Fermin en Luz Saint Sauver, aunque siempre nos queda Candanchú porque siempre está Cano, y eso es mucho mejor que San Fermín, porque es eterno.


Felices fiestas.


Willow