“Darle la vuelta al cuerpo; blog de un ciclista de ultrafondo”

¡VÍSTETE, VÉSTITE O COMO SE DIGA!

Mi abuela Angelita nos sacaba de la cama al grito de “Vístete, véstite o como se diga”, la pobre se ponía nerviosa ante nuestra pasividad y negativa total para ir al cole, por lo menos la mía, la del resto de la nietada era la misma pero en otro nivel más leve, pero yo me aferraba a la almohada como si no hubiera un mañana, ¡cinco minutos más por favor….., ya sabéis!. Pero mi abuela Angelita era firme y directa, y una gran abuela, y sin tener que utilizar su zapatilla, yo ya me iba para la mesa de mármol blanca de la cocina a desayunar.


Aquel “vístete, véstite o como se diga” se hizo viral en la familia, y viaja con nosotros, llegó para quedarse, como dicen ahora, y se ha quedado para siempre, espero, porque por mi casa se escucha bastante aunque con diferente resultado. Y quizás ellos lo empleen de aquí a unos años.


Ahora, cuando me peleo con alguna frase me sale el “vístete, véstite o como se diga” y me puede salir ya para todo, con los ciclistas cambiándonos antes y después de las carreras y estás últimas semanas con la PAU, porque no sé si se llama Pau, EVAU o la Selectividad.

Le habría gustado a mi abuela ver a Miguel y a Iciar en este junio por la universidad y por la PAU o EVAU o “como se diga”, centrados, levantándose cada mañana con el despertador y no con un grito, buceando entre mil apuntes para parar un rato y realizar sus entrenamientos y volver a los libros sin parar.


La mierda de competir en todo y con todos, y cada vez más y sin final. Cuanto más mejor y cuantos más dejemos por atrás mucho mejor, porque tenemos las plazas contadas, como las horas, para todo, y se trata de eso, de estar más arriba cada vez y nunca lo suficiente, y damos por buena una selección natural en el deporte, estudios, carreras y vida.


A mi abuela todo esto con nosotros, le pillo abuela, está claro. Pero también había su competición, aunque menor, y le llegaban ecos de notas brillantes que siempre traían los nietos de otros, unos expedientes dignos de ser embajadores de países lejanos, o ingenieros aeroespaciales en la NASA, o qué sé yo, y siempre eran los otros, mientras nosotros, su nietada, bailábamos con el “vístete, véstite o como se diga” y nuestro perfil medio (el mío bajo, aclaro), pero disfrutón.


Ahora, mil años después, está claro que Sandra, Miguel, Jesús y Martín vuelan por encima de todos aquellos súper dotados, sin estar en la NASA ni ser embajadores de la nada, y yo llego hasta Santiago de Compostela sin parar en bici, lo que no vale realmente para nada, pero si para ser feliz.


Y quizás nuestro nivel medio y la excelencia del resto, haya sido un gran acierto a futuro, porque nos ha asegurado un viaje compartido y comprometido que, con sus tropiezos, da mucha felicidad.


Y creo que mi abuela estará contenta, y sorprendida con la universidad de Miguel y la PAU, EVAU o “como se diga de Iciar”, y estará feliz de que su nietada sea feliz sin ser excelentes, tan contenta que lo mismo hasta me deja cinco minutos más en la cama. Mañana se lo pediré, a ver qué pasa.


Enhorabuena Iciar y Miguel, no sois los mejores pero sois maravillosos, como la abuela Angelita.


Willow