Irurita ya forma parte de nuestros “sitios recordados”, por lo menos de los míos, de esos que luego uno “pasa por ahí”, como Aute en su canción, y le devuelve una sonrisa. Un sitio al que volver siempre es un acierto.
Pero para mí Irurita y su cuesta, ya era un lugar al que volver, porque allí, hace ahora muchísimos años, nuestro Xabi Zandio ganó esa carrera en un sprint que me volvió loco desde el coche, una remontada de las suyas, después de subir los tres Arizcun y dos Cigas que tenían entonces las carreras del Baztán.
Irurita es un Deba sin cantábrico. Es el segundo lugar donde TODOS nuestros corredores que estaban en la salida consiguen llegar a la meta y eso es la mejor victoria de un equipo de ciclismo base. Algo que, a nuestra edad, que es la edad cadete, vuela muchísimo más alto que cualquier exhibición personal del gallo de turno.
Es un triunfo compartido y es algo que han conseguido nuestros corredores, todos, que no dejan a nadie atrás cuando pedalean sin dorsal durante la semana y de esta forma se ayudan unos a los otros, se complementan y encima se lo pasan bien. Y sólo así, unos consiguen llegar entre los diez primeros y otros llegar, que es como ganar la carrera.
Es la clave y la base que estamos poniendo en marcha este año con nuestros infantiles los miércoles y los viernes, dibujando un ciclismo todos juntos que va mucho más allá de las vueltas sin parar el domingo en un polígono industrial. Unas salidas compartidas que nos valen para aprender a dar relevos, a andar en bicicleta por la carretera y a pasarlo bien, y nada más. Y así, mientras Hegoi me cuenta que toca la trompeta, juega a fútbol y hace ciclismo, yo le digo que una vez me di la vuelta a Eslovenia en bicicleta sin parar y luego vamos dibujando el viaje a Port Aventura del año que viene, cuando los dos seamos cadetes.
Y nada me da más pena que ver a corredores en las carreras que ni siquiera llevan el sillín en su sitio o el desarrollo correcto en sus bicicletas para esa categoría, lo que significa que ni les han mirado en sus equipos, nunca. Y estoy seguro que tampoco habrán viajado con sus compañeros hasta el cruce de Artesiaga o la fuente de Alzorriz, lo que todavía es peor.
Pero eso sí, la frase de “formar en valores” va por delante en cualquier equipo, porque queda bien y vende más.
Y formar en valores es tan sencillo como acompañar, ayudar y pasarlo bien con la bicicleta con todos los corredores del equipo y nada más. Y darles las claves para que nada sea un fracaso el fin de semana, para que quemen cada etapa acorde a la edad que tienen y para que cuando salgan de nuestro club, sepan llegar con los amigos hasta Formigal o Belagua y si tienen suerte, correr la Vuelta a Navarra y si nos volvemos locos, la de España.
Estoy seguro que Xabi no ganó aquella carrera de Irurita por mi culpa, ni siquiera tuve nada que ver con sus dieciséis años de ciclista profesional, para nada, pero también estoy seguro que fuimos muy felices. Porque por aquel entonces encontramos los “valores” helados de frio con las bicis de monte en Gorramendi, a la deriva con un coche en llamas en la Castellana de Madrid, o andando en bici por la playa de Hondarribia de noche, y suma y sigue. Y quizás esa fue la clave para la larga carrera de Xabi, tan larga como su sonrisa.
Enhorabuena cadetes, estamos muy contentos con todos vosotros. Vamos a seguir así, contando victorias colectivas y avanzado juntos, que son los mejores valores que os podemos ofrecer y desde donde todo tiene que empezar para que tengamos un recorrido chulísimo y eterno con la bicicleta.
Willow