Se nos terminaron los chalecos reflectantes en el club, de banderines vamos sobrados, pero con los chalecos rompimos el stock. La culpa de todo esto fue la gran respuesta de las familias a la llamada del club para completar la logística de la carrera.
Y es otro motivo para la celebración, otra señal de que vamos por buen camino en el club, porque conseguimos compartir la ilusión de sacar adelante nuestra actividad también con las familias, para las que podemos ser una actividad extraescolar más o dar un paso al frente y colocarse junto al club, para empujar, para hacer posible lo necesario, para que la rueda no pare de girar.
El sábado pasado organizamos el Trofeo José Ignacio Olaverri, que lleva el nombre de una de las familias que llevamos en nuestro corazón, los Olaverri Igartua. Caminos, el de su familia y nuestro club, que José Ignacio y Juani decidieron unir hace cuarenta años y que permiten que esta tarde vistamos a Mira, nuestra última incorporación, de verde, como vistieron Pepe y Beloqui en aquel 1986 a Juan Unzué y treinta compañeros más. Mismos colores, misma sonrisa.
En el Villavés se detiene el tiempo, porque siempre miramos la vida desde los ojos de nuestros corredores, desde la niñez y la mejor de las adolescencias.
Hasta aquí todo azul, porque lo gris viene por el departamento de interior del Gobierno de Navarra, si fuera por ellos nos mandarían a organizar la carrera al desierto de Borrego Springs, en California, previa presentación de la documentación, mapas, rutómetro, gps, y detalle con nomenclatura de las carreteras afectadas allí, y por supuesto, las tasas, y la carta de pago, todo eso que no falte, claro.
Y van por el camino correcto para mandarnos al otro lado del océano a pintar sonrisas a los chavales con las bicicletas. Me acuerdo que hace mil años, en la primera parte de mi vida en el Villavés, en un despacho del Gobierno de Navarra me indicaron que el problema que teníamos con las carreras ciclistas era que utilizábamos las carreteras. Y recuerdo pedir disculpas por aquello, a la vez que le daba la razón y me comprometía a valorar diferentes opciones de recorridos como tejados, piscinas, pistas y senderos para irnos a la mierda con las bicicletas.
Y la vida sigue igual, nosotros ahora tenemos que llegar a la meta de Villava entrando por el Polígono de Egües, para llegar por una pista de cemento a cruzar Gorraiz con sus miles de garajes y calles y poder pasar por un puente la variante de Huarte e Itaroa y conseguir entrar por Olaz. No podemos tocar las carreteras que rodean a Villava porque nada puede parar al tráfico, al coche, nada pobre, nada sencillo, nada que no reporte una foto, un titular, nada que no sea una Vuelta a España o una Itzulia, que se convierten en el partido de los domingos de fútbol en el que todo vale.
Dos ciclismos a los ojos de nuestros rectores, ciclismo rico y ciclismo pobre, cuando al conductor que espera en la rotonda de turno le da igual que pase Enric Mas o Julen Torvisco, lo mismo, sólo que Julen, debe sortear pistas, garajes y cruces como si no hubiera un mañana.
Como veis nada nuevo, nada que no haya pasado, ni el cariño de los Olaverri hacia nosotros y el nuestro hacia ellos, ni la nula sensibilidad del Gobierno de Navarra hacia el ciclismo de base, el que no devuelve fotos ni el manido retorno económico, el ciclismo que estorba, supongo. Pero también el necesario para colocarnos en el Palacio de Navarra las medallas de los campeones que van saliendo a pesar de todo esto.
La rueda no para de girar, ya lo sabéis por aquí, y ahora, en menos de dos semanas, volvemos a la carga con una carrera para las chicas cadetes y junior, para ellas, para aportar nuestro grano de arena al ciclismo femenino pero de forma real, con dos carreras, una para cada categoría y sólo para ellas.
Y volveremos a nuestro pequeño laberinto de entrada a meta, que es bastante más chungo que la maravilla de laberinto que está haciendo Jaime Oroz por Urdaniz, y tiraremos de los mejores padres de la historia del Villavés, con mención especial a los Merino Casajús y los López Rey, que con los hijos fuera ya del club, se pasan la mañana de un sábado chaleco y banderín en mano con nosotros, algo que me parece insuperable, como otro triunfo del club, sumar esfuerzos y entregas con la única recompensa de la sonrisa de cualquier crio al cruzar la meta, sin fotos ni medallas ni grandes titulares, sólo sonreír.
Gracias a todos por pedalear con nosotros y que la rueda no pare de girar.
Willow