“Darle la vuelta al cuerpo; blog de un ciclista de ultrafondo”

ALZORRIZ; EL REGRESO DE ASIER, EL MEJOR REGRESO DE LA HISTORIA.

Oihan A. decidió tumbarse al sol de Alzórriz, ahí junto a la fuente, vestido de ciclista y con su bicicleta, mientras Muthu daba cuenta de la cuarta barrita, según nos comentó, por la mañana había corrido cinco kilómetros en clase de educación física y estaba agotado. Y pocos minutos antes, Julen decidía atacar a pie de la subida y con un “Julenazo” de los suyos, dejaba atrás a sus compañeros.


Para seguir este sin sentido, Alex intentaba descifrar los mensajes escritos en la mano de Javi, algo imposible a todas luces, como intentar quitarle el KOM de Erro a Ibai Azanza o volver a correr la RAAM para mí, no tenemos vida suficiente ni para lo uno, ni para lo otro, pero si para celebrar la sonrisa permanente de Javi, una de las mejores del Villavés. ¡Qué gran fichaje hicimos!


Pero, ayer entre tanto despropósito, el que brilló fue Asier con la mejor vuelta al ciclismo de la historia después de aquel mal paso en Beasain, hace un par de meses. El pequeño de una de las grandes familias que tiene el club, volvía con sus compañeros con la misma ilusión con la que empezó la temporada

Y en Alzórriz, donde nada tenía sentido, Asier levantaba la mano feliz, rodeado de sus compañeros, de Jagoba, que siempre tiene el mensaje perfecto para todos, y de nuestro directorazo Asier, que andaba intentando vía whatsapp, comprender el despropósito en el que se ha convertido el ciclismo junior en la opción “operación triunfo”, esa parte de este circo en la que los padres ponen zancadillas a sus propios hijos en el camino hacia la felicidad con la bici. Cuando se empeñan en terminar la historia como la canción de Aute, con la “enésima auto biografía de un fracaso”, allá ellos y pobre hijos.


Efectivamente, nada tenía hasta hoy sentido y quizás mañana, tampoco lo tendrá.


El ciclismo de miércoles a viernes por nuestro club es una suerte, un viaje sobre la idea de nuestro Adur, “por la tarde rodar”, una excursión compartida que nos lleva por Alzorriz, Urtasun o Eugui sobre nuestras bicicletas. Una tormenta de temas sin sentido y fotos imposibles, un rato a mil millas del dorsal, de un juez árbitro y de una clasificación a traición que no clasifica nada.


Nuestro ciclismo de cadetes, escuelas o junior no es más que una extraescolar, algo para ser felices, una excursión con amigos a cuarenta por hora de media sobre bicicletas de carbono, y nada más.


Y cada carrera que corren nuestros corredores, son una oportunidad que ofrecen los chavales a sus familias para celebrar algo único, algo diferente, algo que a su edad es realmente extraordinario, que los hace especiales. Como la “invitación para la suerte” en la fábula de Olivia de Silvio Rodriguez.


Podemos pedalear con ellos y vivir una fiesta eterna o quedarnos mirando hacia la nada en la que se convierte una clasificación, una eterna comparación con los compañeros o unos objetivos irreales que nos lleven a una realidad paralela.


Y caer en el error de mirar mucho más allá de Alzorriz, donde la vida es bella y el acierto es rodar juntos, y nada más.


Bienvenido de nuevo Asier, contigo ya somos otra vez el mejor equipo de la historia.


Willow