“Darle la vuelta al cuerpo; blog de un ciclista de ultrafondo”

Y SI LLUEVE Y HACE FRIO "¡TORRENTE PRESIDENTE!"

Nada más abrazable que un cadete, juvenil o sub 23, con su bici en la salida de una carrera en medio del diluvio universal, sin tener claro lo que va a pasar durante la próxima hora y media, y sin ninguna necesidad de “hacerse hombre” ni “echarle huevos” a nada, que son las patéticas ideas que se repiten cada vez que las condiciones meteorológicas se ponen difíciles. El manido y lamentable “Echarle cojones” ochentero que sigue instalado en el ciclismo mientras nos miramos en vatio kilo y desayunamos los gramos justos de avena.

Dos ciclismos mezclados bajo una carpa a tres grados en un pueblo perdido de Guipuzkoa. Difícil tema.

Porque si hacerse hombre es cumplir años para saberlo todo, entonces es el mayor error de la historia, y si para avanzar en la vida y en la bici con quince años hay que “echarle huevos”, es como para tirarnos al río Urola a su paso por Zestoa el pasado fin de semana, que parecía el Misisipi más que el Urola.

Podemos vivir una carrera ciclista en el año 2026 o vivir una película de Torrente cada domingo, porque increíblemente el ciclismo actual viaja entre dos mundos y tenemos para elegir.

Nosotros, en el Villavés, nos centramos en ir con ellos a la salida para esperar todos juntos, corredores y entrenador, bajo la misma lluvia al último minuto para recogerles la ropa de abrigo, en decirles que ya han ganado estando en la salida, y que todo pasará, y que siempre vamos a estar ahí, como la canción de “Maldita Nerea”, con el coche y con toda la ropa del mundo para cuando nos necesiten. Porque se trata de enseñar y acompañar y darles las opciones suficientes para que sean felices.

La clave del ciclismo a la edad cadete es meterle al frío y la lluvia de Mendaro un día azul y soleado como el que pasamos ayer por el valle de Baztán, escribir un “por la mañana rodar” de libro y hacerlo en equipo, alejado de cualquier dorsal, juez y bandera verde de cierre de carrera. Y esperar a que la carrera del domingo en Estella traiga un cielo azul. Es una combinación de todo, porque es la ilusión la que nos hace ir más rápido.

Y la clave del ciclismo infantil, al que tengo la suerte de asomarme cada miércoles, es meterle a un sprint en Urtasun unos donetes en Zubiri y acompañarlo todo con la sonrisa de Sofía, la mejor entrenadora de la historia, que, con sus diecinueve años, viene al club para que Ion, Hegoi, Iker y cuarenta y cinco críos más, sean felices con sus bicicletas, y nosotros con ellos, y no les haga falta hacerse hombres. Sólo ser infantiles, y nada más.

Suerte este finde a todos, nosotros ayer ya ganamos en Izpegui, y no nos hicimos hombres, ni le “echamos pelotas” a nada, sólo fuimos cadetes siendo cadetes.

Willow.