Leo que tenemos pruebas de acceso para poder jugar a fútbol la siguiente temporada, para niños y niñas de 6 al 10 años, eso por Oberena, el club que me hizo Oberenista del año en el 2018, año de mi pequeña RAAM, y en el que he escrito todos los blogs en las épocas de verano, allí en la esquina más alejada de las piscinas, donde no hay árboles ni ganas de reír, y en verano sólo estamos los dos, mi portátil y yo.
Está jodido el mundo del fútbol, sí, porque yo pensaba que hacían una injusta selección natural a la edad cadete, y que, en principio, jugaban todos los críos y luego les iban dando una baja a traición a medida que los “Guardiolas de turno”, decidían qué niño podía seguir jugando con los amigos (que no es más que eso) o cual iba a ser un crack, famoso y “superiormente superior” al resto, en pocos años.
Veo que no, que ya no esperamos a la adolescencia, no. Imagino que la selección será fruto de la imposibilidad de acoger a todos en sus equipos, porque para eso es el deporte Rey, y me queda el consuelo de que los críos jugarán, no se si en un equipazo de niños de 7 años, o en el equipo del cole, pero quiero creer que juegan todos.
Luego me dicen que el ciclismo se está futbolizando, y quizás sea cierto. Porque ayer escuche una entrevista al gran “Matxin”, en la que valoraba este nuevo ciclismo precoz como una “selección natural de la vida”. Y ponía como ejemplos el niño que sale alto y guapo y va para modelo o el que estudia media hora y saca sobresalientes, y punto. Y con esos ejemplos bajaba “al filo de otra edad”, como la canción de Erentxun e Iván Ferreiro, hasta los quince años de la categoría cadete para seleccionar sólo a los altos y de ojos azules y con ellos llegar hasta el infinito y más allá, hasta ganar 100 carreras por temporada, 6 tours y todo lo que haga falta, porque después de 30 años nunca nada es suficiente.
Previamente, en la misma entrevista, el capo del UAE, había hecho de sus años por el ciclismo amateur un ejemplo de lucha, garra y compromiso desinteresado, y de los positivos y escándalos de los equipos por los que ha pasado, un ejemplo del manido “salir más fuerte” y “resurgir de la nada”, eso apelando a la épica, pero también un ejemplo del que “yo no sé nada y la culpa es de otro”, eso apelando a lo más básico del patio de un colegio. Tremendo.
En fin, será que no entiendo nada, ni de fútbol ni de este nuevo ciclismo de triunfitos con sitio para cuatro y que llega para hacer una selección absurda y cercenar por lo sano la esencia de un deporte base.
No me imagino haciendo pruebas de selección en Peritos por Villava, para decidir quién puede jugar a ser ciclista y quién no. Ni mucho menos en cadetes, porque entramos en una edad “sensible”, la adolescencia, y porque el deporte base es no perder a un solo corredor por su nivel, por su rapidez encima de la bici, por sus números. El deporte base es sumar, es entrar y salir de las temporadas todos juntos, y a partir de ahí crecer en la disciplina deportiva en recuerdos buenísimos.
Sumar, y enseñar y nada más. Nosotros celebramos pasar de ser cuatro en un equipo a ser once, porque esa es la salud de un club de base, la participación. Y nos futbolizamos cuando en ciclismo perdemos a los corredores que menos duran en una carrera, cuando corredores que empezaron a los siete años lo dejan a los quince porque los barren en las carreras, porque los directores los dejan atrás en los entrenamientos o porque son incapaces de ofrecerles un abrazo cuando se retiran. Porque la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana.
Y suerte la mía porque me pillo esta selección natural de súper dotados al filo de otra edad, también como la canción, porque si no, ni para modelo, ni futbolista, ni ciclista, ni nada, pero nada de nada, ¡madre mía no quiero ni pensar donde habría terminado! Y sin embargo, le doy gracias a Pepe por darme la ropa de segunda mano de Cafenasa y meterme en el coche de director cuando dejé de ponerme un dorsal, porque en mi mediocridad deportiva, he sido el más feliz del mundo cruzando Estados Unidos con un equipo de apoyo, o subiendo el puerto de Marcaláin con Miguel Molinero.
Termino. No se lo ponemos fácil a los críos, para nada. Les metemos en una competición de vida que vuela desde el deporte a los colegios, siempre mirando a una media cada vez más alta, de velocidad y de notas, en la que tienes que ser más rápido que el de a lado para lograr llegar a Sub 23 y estudiar como un loco para salir de la EVAU con los mejores, para que tu nota, o la cartera de los padres, te den acceso a seguir estudiando lo que quieres, porque si no…. al palco.
Selección “natural” también, como los de los altos y guapos de Matxin.
Abro melón.
Willow.