“Darle la vuelta al cuerpo; blog de un ciclista de ultrafondo”

EN CALPE UN INCENDIO EN ALTA MAR, OTRO AÑO MÁS

Dice Ramontxu, o Ramón Gonzalez Arrieta, o aquel gregario fiel de Miguel Induráin que ahora le llama Don Miguel cuando la vida les hace tropezar, dice que la zona de Calpe para la bici está sobrevalorada, que se está masificando mucho y que esa brea blanca que tiene algunas de sus carreteras es una mierda. Dice eso y muchas cosas más, porque no calla, ni subiendo ni bajando ni en las tremendas curvas entre Calpe y Moraira, esas que sólo Ibai Azanza tiene permiso para tomarlas sin frenar, y el resto, a su rueda, vamos comprobando como los años aprietan el freno sin piedad y a traición, abriendo un hueco cada vez mayor. La deriva de la vida por las curvas de Cap Blanc, en fin.

Algunas veces, la bicicleta te da la oportunidad de coincidir hablando de lo cotidiano con leyendas del ciclismo durante un buen rato, la bicicleta y la familia Ibañez, claro, pero bueno, vamos al lío, veréis…..

Yo le contaba a Ramón, que ese mismo amanecer había sido tremendo, que había visto un incendio en alta mar al salir el sol detrás del peñón de Ifach mientras corría con Mikel Erentxun, y él me decía que en la vuelta a Valencia del 93 les nevó bajando Rates y que entonces no neutralizaban nada, ni la carrera ni la vida (esto último lo digo yo), y así, entre Rates y amaneceres, él me contó como su hijo había pasado a nuestro querido equipo sub 23 Finisher, desde su club de toda la vida, cerrando cualquier puerta a cambiar de equipo en juveniles, porque pensaba que su entorno de toda la vida, su club, sus amigos, era el ambiente perfecto para su edad y su formación.

Entonces yo pensé que todavía el mundo no se va a la mierda, o por lo menos el mundo junior ciclista, que todavía quedaba gente que habiendo dado tres vueltas y media al mundo del ciclismo, volvía a la casilla de salida con su hijo, como única forma de emprender una cuarta, poniendo la amistad y la formación por encima de cualquier otra opción. Y llegué a la conclusión que, a partir de entonces, Ramontxu se iba a llamar Don Ramón, al nivel de Don Miguel, claro, y que Markel, su hijo al que conocí al día siguiente, está de suerte con su equipo, con su familia, y con la vida y que seguramente todo esto le hace pedalear con la sonrisa con la que lo hace. Fan total de todos ellos desde ya.

Estas cosas sólo pasan en Calpe, en nuestras vacaciones de mar en invierno, la mejor época para ir a la playa, donde todo está en su lugar y todo es un acierto y por eso, repetimos cada año, porque eso de salir de la zona de Confort es una patraña de los nuevos influencers de la nada. Si algo te hace feliz repítelo como si no hubiera un mañana, y punto.

Y en Calpe la vida es bella y lo es tanto que este año ya no esperamos al día 1 de enero para llegar allí, nos fuimos cortando la navidad en alegre avanzadilla con un coche del club y seis primaveras disparando al porvenir. De locos.

El plan era un éxito seguro, correr al amanecer, bicicleta sin control durante el día y un tímido estudio para mis jóvenes compañeros de viaje, algo que ellos llaman con un “al corte” o “de una” o algo así, pero bueno, los portátiles los abrían, aunque no sé si para mirar la altimetría de Tudons o la de Bernia. Y mientras, yo intentaba resolver un problema del primer mundo en la plataforma de las licencias de la Federación Navarra de Ciclismo. Una de esas cosas que para la gente normal son “cinco minutos” pero que a nosotros nos llevó una semana y que me hizo dudar si realmente éramos el mejor equipo de la historia. Pero lo sacamos adelante.

Y a nuestra expedición, como la canción de Silvio, este año se le unió más familias de nuestro club, familias felices alrededor de la bicicleta, familias enteras devorando kilómetros a base de cafés y charletas, los Barberena, los Ibañez y Arevalos, y los Iriberri Castillo, también, porque la pequeña Iciar e Irache llegaron más tarde para comprobar la fiesta de primera mano.

Yo me llevo la certeza de mi pequeña cuesta abajo deportiva sobre la bicicleta, una sensación de perseguir a todo el mundo que no había tenido nunca y una inseguridad en las bajadas galopante, pero también me llevo una sensación buenísima de haber podido ofrecer algo diferente a la cuadrilla de jóvenes que fuimos allí, porque celebrar una noche vieja metiéndonos doscientos kilómetros y no doscientos mazapanes y chupitos de “tequifresa” es una gran opción, aunque alguno además de los kilómetros, se tragó también una entrada para una megadiscoteca en Denia, en fin.

Para lo primero, para mi pequeña deriva deportiva, ya tengo la solución, he quedado con nuestro cadete Oihan Oroz, para que cuando él sea Sub 23, me lleve desde Pamplona a Salou en bicicleta, él tirará de mí y yo le enseñaré la mejor ruta y las mejores paradas y seremos muy felices, y para lo segundo, nuestra joven expedición, me queda la certeza de que vamos por el buen camino, que vamos a seguir ofreciendo mil cosas a los chavales alrededor de la bicicleta y a mil millas del dorsal, el juez y la clasificación.

Y a la par de esta certeza, me queda la duda de si esta vez han sido los corredores los que me han llevado a mí, a mi carnet de conducir y mi coche de equipo con parrilla para seis bicicletas, no sé…..veremos qué pasa el año que viene, aunque mientras esté Adur todo irá bien.

Termino, en tres días volvemos a montar las bicis en los coches, esta vez los equipos de cadetes y junior con todos los entrenadores para hacer la mejor concentración de la historia, un “viernes - domingo” que hemos preparado con todo el cariño del mundo, lleno de entrenamientos, actividades, sesiones de mecánica, de planificación…y una charla con nuestro Xabi Zandio, el que hace 30 años sonreía vestido de Cafenasa y ahora lo hace al volante del coche del equipo Ineos.

Dudamos en hacerla en el Cap Negret de Altea en régimen de pensión completa, pero al final hemos decidido que el alberge de Ayegui en Estella nos ofrece muchísimas más posibilidades que el hotelazo de la costa blanca, nos aporta la oportunidad de cocinar, recoger y limpiar todos juntos y dormir en habitaciones de 20 personas, y eso es hacer equipo y piña y lo que haga falta, como aquel catarrazo histórico que pillamos todos juntos en Port Aventura.

Así que vamos a por otro fin de semana con victoria, ¡claro que sí!, aunque muy a mi pesar no esté Adur, por lo menos este año, pero el resto estamos todos y mientras estemos juntos todo irá bien, ya sabéis.

Willow