“Darle la vuelta al cuerpo; blog de un ciclista de ultrafondo”

LA TEMPORADA CICLISTA FAMILIAR, TOTALMENTE CELEBRABLE.

El partido de vuelta lo jugamos en el Babylon de Huarte, en el primer tiempo cañonazos tostados y snaks varios, en el segundo tiempo el juego fue subiendo de intensidad y sobre el campo, o la mesa, unas hamburguesas de autor, que bailaban entre las alcachofas y algo parecido al pato, como aquel dibujo “algo parecido a un corazón” en la canción de Victor Manuel “Sólo pienso en ti”, y para el tiempo de descuento, una tarta de queso y un coulant de chocolate que acabó por hacer del partido, uno de los mejores de la historia.

Fue un gran partido, bastante mejor que el de ida, que lo jugamos en nuestro chinico de referencia en Lezkairu, al ritmo de unos nachos que mataban de sed y unas palomitas de pollo que daban pena a la tristeza, por no haber no hubo ni gol por la escuadra, ni una jugada polémica, ni un regate a traición, nada, pero lo disfrutamos igual.

Y sobre el campo, Maite, Fredi, Irache y yo, sin encarar portería ni muchas ganas de ganar, sólo disfrutar los 90 minutos que, entre prórroga y penaltis, el partido se nos fue, como siempre, a las cuatro horas y porque suelen cerrar el campo. Creo que salimos a jugar y nada más, somos jugones, o disfrutones que dice Maite, sin más pretensión que celebrar que la rotonda de Argeles Gazost nos encontró por allí jugando en una tercera división y el Villavés nos ha hecho disputar la Champions con nuestros hijos.

Porque esto es como nuestra pequeña concentración de equipos del Villavés, que ha sido la mejor de la historia sin necesidad de ser nada, y celebramos como el mejor de los partidos, seguir celebrando la etapa de nuestros críos en el Villavés, cuando su edad les ha hecho dejarla atrás, dejándonos como “La llorona” mexicana…”ayer lloraba por verte, hoy lloro porque te ví”.

Y nosotros, nuestra familia, entre Adures, Tarazonas, mi pequeña vuelta al club y Latorres varios, también nos llevamos estos pequeños encuentros llenos de cosas buenísimas que contar, de historias chulas que compartir y de gente que merece la pena celebrar, de cosas por hacer y de la felicidad del futuro incierto de nuestras primaveras. Como lo hacen muchísimas más familias, que vuelan mucho más allá de las carreras de los críos con las bicicletas, para pedalear juntos en vacaciones, por lo pirineos, por el Col de Rates o lo por donde haga falta, haciendo de lo cotidiano un planazo y enseñando a los críos el mejor de los caminos cuando la vida les quite el dorsal de la espalda.

Esa es otra de las partes buenas del ciclismo infantil y juvenil, la capacidad de reunir a las familias el fin de semana en torno a una ilusión compartida, y de unir a las familias entre sí. Sumar, como buen punto de partida y avanzar juntos.

Algo que está a mil millas del que sólo ve la excelencia deportiva a los quince años y el final de esta película como niño profesional, porque en torno a tal despropósito de vida, solo caben envidias y desilusiones, gente que ni se mira por las cunetas al paso del pelotón y enemigos tan fuertes que se convierten en “enemigos íntimos”. Y esto pasa, y pasa demasiado, y no hay nachos ni hamburguesa que lo solucione, nada.

Y nada de lo que escribo por este blog venido a menos, está reñido con buscar la mejora de deportiva, con soñar en llegar a ser profesional, ¡claro que no! Nada mejor que un joven en busca de un sueño, pero siendo feliz. Ni estas celebraciones de familias, ni mirar la línea de salida por encima de la de meta, ni abrazar como si no hubiera un mañana a nuestros corredores, viaja lejos de un futuro profesional, para nada. Van de la mano, debe ser así, y lo tenemos muy claro en el club, tanto que mis jóvenes compañeros entrenadores lo van consiguiendo cada año.

Así que ya podéis ir haciendo una buena quedada de padres, aprovechad para celebrar ahora que celebramos lo “incelebrable”, y que no cunda el pánico, que no hace falta ir al Olaverri, porque en nuestro chinico de referencia ponen unos nachos con queso tremendos y si lo acompañáis con unos cañones de cerveza tostada y un buen puñado de historias y de momentos chulos que os hayan dejado vuestros hijos en torno a la bicicleta, entonces ya será el mejor encuentro de la historia, y habrá que jugar la vuelta, ya veréis.

Gracias Fredi, Irache y Maite, somos disfrutones. ¡me gusta!

Willow