“Darle la vuelta al cuerpo; blog de un ciclista de ultrafondo”

EL TOUR DE POGACAR Y LOS ABRAZOS DE MATXIN.

Javier Ares tachaba la etapa de ayer del Tour de Francia como una “carnicería”,y no andaba muy lejos de la realidad, fue una etapa a final de Tour con más de 5000 metros de desnivel acumulado. Una última batalla después de que la contrareloj de ayer, quitara las caretas a los dos principales actores de la carrera, Pogacar y Vinvegard. Uno que salió más vencedor y el otro sin palabras de consuelo en la derrota, el espectáculo en el ciclismo de alto nivel en estado puro, el Tour de Francia.


Como debe ser, claro que sí, porque son la punta del iceberg de este deporte tan chulo, los mejores, lo elegidos después de años de una criba desde que arrancan su viaje con la bici de críos. Los que se dedican en cuerpo, alma y profesión a eso, lo que tienen el mejor material y las condiciones óptimas para su cuidado físico, su recuperación de cada esfuerzo y un exhaustivo control a lo largo de la temporada.


Y con todo, al final, el ciclismo es tan básico y tan justo que se lleva por delante a cualquier príncipe de este deporte con todo su séquito detrás, fuera, barrido, punto. Por mucho que su VO2max viaje por las nubes y tenga todo el material del mundo mundial. ¡Pobre Pogacar!


Visto lo que pasó en el Tour del año pasado en la etapa del Granon, en Hautacam y en la última CRI, la sorpresa de este año se convierte en una duda razonable sobre la capacidad del Esloveno en seguir ganando Tours. Duda razonable cuando la carrera va por la tercera semana, los puertos por encima de los 2000 metros de altitud y el desnivel acumulado de la etapa de turno va más allá de los 5000 metros. Condiciones que le duelen a Pogacar.


La mismas dudas que ya tienen en su equipo, el UAE, porque cuando Matxin empieza a hablar de lo que le quiere a un corredor, cómo le abraza todos los días, lo buena persona que es y que se ha convertido en un ídolo para él, es que realmente el corredor ya tiene un problema. Matxin es así, o no sabe nada de lo que pasa en su equipo, o les quiere mogollón y les abraza todas las noches como si fuera un “Gran hermano” lleno de críos y con esos abrazos ganan a lo campeón. Pero el amor es eterno mientras dura, ya lo sabéis.


Si llegan así a Paris, Pogacar habrá hecho dos primeros y dos segundos en los cuatro últimos Tours, así que para nada se le puede sacar de la lista de favoritos, pero el problema es que mientras Vingegard enfoque su temporada en el Tour, Pogacar corre el riesgo de estar una y otra vez ganando de forma brillante clásicas, monumentos y pruebas menores y perdiendo el Tour, con todo lo que lleva una derrota en esta carrera. Como ha pasado siempre cuando hay un tipo que sube un poco más, contrarelojea otro poco más y tiene un director que dirige y que no da abrazos ni monta fiestas en la piscina el día de descanso.


Tranquilos que no voy a seguir pegando la chapa del ciclismo profesional, me encuentro mejor hablando de mis amaneceres sobre la bicicleta, de Mikel Erentxun, de mis fugas y de mis amigos de guardia, pero si ando a vueltas con el ciclismo base que me he encontrado a mi vuelta con Miguel, después de 15 años fuera de este circo, del que ya estoy escribiendo algunas letras, letricas de momento que ya veremos si dan para un blog o en qué terminan.


Un ciclismo base que imita al profesional, con desarrollo libre en las bicicletas porque tenemos que ser cada vez más rápidos y cuanto antes, ciclismo lleno de preparadores y potenciómetros, ciclismo de Strava que es un ciclismo de clasificación y no de participación como debe ser. Porque no podemos hacer que un cadete viva como si fuera Pogacar, lo mismo que una carrera de juveniles no se puede hacer grande por meterle más dureza, kilómetros o sterrato.


Si en la salida de cada carrera contamos cada vez con menos corredores ya habremos perdido la carrera sin disputarla. Y me da igual que cuando salgan nuestras figuras a correr a Sevastopol nos den sopas con honda porque con el VO2max disparado nacen dos, por la adolescencia pasan todos, y aunque todo va más rápido, no nos podemos cargar la fase del ciclilsmo en la que su pilar fundamental es la participación.


Pero bueno, por lo menos no tenemos los abrazos de Matxin, que ni tan mal.


Ahora a ver qué tema musical le metemos a este blog, porque realmente no le pega nada de los que solemos utilizar. No sé, como es un poco raro, ¿qué os parece si escuchamos una canción que me enseñaron mi hija Iciar y sus amigas?, 1932 creo que se llama. Me devuelve al fin de semana que fui adolescente con ellas por las Landas, hace bien poco, en el que “jamás pensamos en ser nada más que jóvenes”. ¿Chulo no?.


Willow