“Darle la vuelta al cuerpo; blog de un ciclista de ultrafondo”

MI BICICLETA NUEVA

Vaya por delante que no he asumido un año 2020 sin una prueba. Que aquello del año sabático que me suelen decir no va conmigo, ni siquiera lo de descansar o buscar nuevas carreras o mundos o qué se yo, que no, que no. Que no tener una aventura en otro país con los amigos del equipo de apoyo, es decir, lo que es una carrera de Ultrafondo para mí, es tremendo. Ahora que estas letras no van en las páginas del periódico lo puedo decir más claro, es una mierda. Para qué nos vamos a engañar.

Pero esto de mandar al ultrafondista navarro a paseo a mil millas de aquí, de dar carpetazo a un tiempo que se ha ido, de perder el duelo con los años también tiene su lado bueno, sólo uno en realidad, que no es otro que estrenar bicicleta.
Mis ascensiones a Marcalain son épicas, está claro, y a Etxauri ya ni os cuento, pero no sé si tanto como para llevar una bicicleta de patrocinio, ni siquiera para ir de embajador de una marca por la vida, no lo veo, entre otras cosas porque a estas alturas del partido la épica la empieza a dar la nieve, el viento o que te salga un par de corzos en la carretera, porque los tiempos de ascensión mejor no los miramos.

Desfiló la Specialized del pasillo de casa, como en su día se fueron las Canyon. Son despedidas duras, a las bicicletas se les coge mucho cariño, acaban siendo recuerdos de carreras, de sitios y de situaciones sobre dos ruedas y con un cambio electrónico y cuando se van, se cierra una etapa, o una temporada. Otro signo de que algo chulo ha pasado y no a volver.

De todas estas despedidas la que peor llevé fue la de las Canyon en el 2018. No había pasado un mes de nuestra pequeña RAAM y un par de días antes me había roto la clavícula en mi particular “mascletá” de Artazu. A los pocos días vi la de carretera en el Outlet de la web de Canyon, con la misma cinta blanca de manillar que Perdi le había puesto en Oceanside (California) y las marcas en el manillar que los acoples de Mikel habían dejado. Tal cual. Pensé en comprarla, pero tenía el brazo en cabestrillo y la cuenta corriente más fría que la bajada del Wolf Creeck Pass. La RAAM deja huella en todo. Aquel verano recibí demasiadas señales de FINAL y además muy seguidas. Llegué al otoño como pude, ya sabéis, la vida avanza con el labio partido.

Pero no pasa nada, o sí y hacemos como que no pasa, que esto es muy de redes sociales también. Y pasa que quedarse sin bicicleta para mí es un auténtico desastre y a la vez tienes la alegría de que en poco tiempo vas a estrenar una nueva bici.
La cabeza empieza un proceso de centrifugado de bicicletas. Un tornado mental de modelos, colores, grupos, ruedas, perfiles, pesos, marcas….las 24 horas del día.

La web de Canyon todos los días por la mañana y antes de acostarme, y no sé para qué porque la mayoría de los días ni cambia, pero no lo puedo evitar. Y ya durante el resto del día voy saltando de Specialized a Pinarello, pasando por Conor, que el rojo nuevo me gusta mucho, Colnago que siempre se van de precio, Giant, Orbea que las de monte me encantan, los modelos aero de Treck, en BMC la uno dos y tres y porque no hay hasta diez…. Y así me voy imaginando en el puerto de Etxauri bajando de 18 minutos sobre todos estos modelos y bastantes más. Dulces sueños Willow, por lo menos lo de los 18 minutos.

Queda poco para que vuelva el color al pasillo de casa. Esta vez sin el lazo del patrocinio. Seré mi propio embajador y lo haré bien, claro que sí. Mi bicicleta será la más rápida, cómoda, rígida, nerviosa, reactiva, ligera, aerodinámica y segura de todas, como todas las bicicletas de todos los cicloturistas, pero la mía más, siempre más. Y la más bonita de largo.

Ya estoy viéndola en el mirador de Etxauri, al sol en alguna terraza de Puente la Reina, en amigable conversación con la Pinarello de Mikel Baraibar por Obanos, o con la Giant de Miguel Molinero en Marcalain, bueno mejor metiéndole más de tres minutos a la Giant de Miguel en Marcalain, que se joda.

También la veo con las bicis de los Iruñako, aunque éstas sean supersónicas o con las de Orkuci si me lleva mi vecino, o allá por Junio con los del Tenis y sus 24 horas dando la vuelta a Navarra, también algún día con Unión Ciclista Navarra, para que sepa de dónde venimos todos y muchísimos amaneceres con la Conor de Alfonso Prim, para que se parta de risa y vuelva a casa pronto y feliz.

Esperemos que se lleve bien con la vieja Prince de Purito, va a compartir pasillo con ella y también muchas jornadas por Monreal, con Irache, a pleno sol.

Por lo menos no va a tocar el mundo de los retos, eso que se quita, ni va a buscar ningún límite fuera de la galaxia, ni será campeona interplanetaria del portal de casa, ni siquiera hará cuatro everesting seguidos, qué digo cuatro, no hará ni uno. Que molan estos espectáculos, que no digo que no, pero los críos ya van cumpliendo años y poco a poco vamos dejando de ir al circo.

La pobre no va a conocer el descenso del Ascensor de Cristal camino a Borrego Springs (California), ni Kansas, ni los Apalaches, ni el Gran Saso Italiano o el Globgokner Austriaco, ni el paraíso suizo de Interlaken. Pero quizás le enseñe como se llega a Tarifa saliendo de Gijón o a Santiago desde Roncesvalles, así sin bostezar y con diez euros en el bolsillo. Y a Peñiscola, si, a Peñiscola también, con Cano, siempre Cano, ¡pobre Cano!, para que nos pare en plena noche la Guardia Civil en Tafalla y nos pregunte a dónde vamos. Que siempre nos da mucho juego la anécdota.

Y como no será una bicicleta “influencer” no tendrá las jornadas con los Jesús (Ara y Caso) y sus cámaras de fotos y videos. Los pobres hacían lo que podían con semejante modelo y será una pena porque lo pasábamos muy bien. Jamás podre agradecerles a los dos el cariño y la ilusión que le ponían.

Tampoco le va a cantar Marta Martín “Lo malo” ni “La bikina” ni “Todas la flores”, esto me da mucha pena, demasiada pena, pero va a tener Mikel Erentxun hasta el infinito y más allá. ¡Pobrecica, la qué le espera!

Ahora ya sólo me queda decidir cómo se va a llamar mi nueva "muy mejor amiga", y avisar a Ion Bru para que ponga la bicicleta acorde con las pequeñas medidas del ultrafondista venido a menos. ¡Ah! y vaciar la memoria del teléfono, porque le van a caer fotos como si no hubiera un mañana.

¡Qué pasa! Soy embajador de mí mismo y mi propia marca personal. Y un poco pesado también.

Con tu mano yo me vuelvo a levantar.