“Darle la vuelta al cuerpo; blog de un ciclista de ultrafondo”

UN BESO ESPADACHÍN EN EL TOURMALET

Lo único bueno que tiene ir sin bicicleta a una fuga del equipo a los pirineos es que ves todo como si estuvieras en el cine, sentado desde el coche, con “biende” cafés (como dicen ahora) y una banda sonora que esta vez ha girado sobre la “Expedición” de Silvio Rodriguez, porque cada fuga, cada carrera de esas imposibles que tanta vida me han dado y cada aventura tiene su música, su canción, tiene unos acordes que te llevan directo a un lugar, a un año y a una compañía.


Para despedir a la mejor generación de cadetes de la historia nos tuvimos que ir a 2114 metros de altitud, concretamente el Tourmalet, y nos fuimos “con todo” y “al corte” y no falto nadie en la expedición, como en la canción de Silvio fuimos con el loco, el ruiseñor y el “beso espadachín” que me parece algo insuperable y los doce corredores más varios de mis ahijadicos en el club como Eneko y Miguel y mi amigo Juan.

Y para semejante tropa la furgoneta del Kern Pharma con sus siete plazas, doce bicis y trescientos bolsos comandando la expedición. Sin duda un acierto de furgoneta, porque a su capacidad a prueba de equipo profesional, le metimos mis listas de Spotify y el viaje tenía un aroma a Mendaro 2025, donde todo estaba a punto de empezar.


La subida del Tourmalet fue lenta como la nieve para algunos, y rápida para los que no entendieron lo de “subir tranquilos” (un saludo Beñat y Muthu), y fue feliz para todos. Para mí fue una alegría verlos allí, fue como volver a descubrir el puerto desde los ojos de Julen o Alex, un puerto que ya he subido con diferentes generaciones del club desde hace mil años y cada año, pero esa es la suerte de los entrenadores, que en los ojos de nuestros corredores podemos volver a vivir todo como la primera vez.


La noche fue tan dura como larga en el albergue Relais Isabe y después de una cena a base de bocadillos, pasta, ensaladas, nugets caseros del carnicero de Argeles Gazost o congelados del Carrefour (nunca llegamos a saberlo), y patatas fritas, el descontrol se hizo dueño de las literas, y tras varios intentos de poner orden, pensé que la mejor opción era no ponerlo y dejarlo pasar. Un “a mamarla a parla” de libro.

Y el amanecer, como en la expedición de Silvio, llegó después de la explosión de Dios que fue la noche, y me trajo uno de los grandes momentos, de esos que logran sortear el tiempo y durar una eternidad, fue una carrera con Eneko A. por el valle de Argeles Gazost, con el sol que intentaba salir detrás de los grandes picos pirenaicos. Eneko y sus carreras, nuestro pique en Strava y nuestras fugas compartidas, Un chico que conocí cuando era cadete en la cuesta de Oco, y que la vida y nuestras bicis, nos ha llevado a Urbasa, a Isaba, al puerto de Piqueras en Soria y ahora a Argeles Gazost, es una de esas primaveras que siguen a tu lado cuando termina su etapa en el club.


Vuelvo a nuestra expedición, ¡va!


Beñat I., se ríe y se ríe mucho. Le va todo bien, soy muy fan de él desde el minuto uno y desde hace años, es un Javi P versión 2026, y aunque no entendió muy bien lo de “subir tranquilos”, el resto lo clavó, porque se metió de lleno y en el bolsillo al equipo y a mí con él. Lo que no estuvo bien fue que repitió su tren del Tourmalet en Hautacam, como Miguel Induraín en el Tour del 94, porque el del 96 se nos ha olvidado ya, y llegó arriba del puerto vestido de un naranja rojizo que nos hace temblar de emoción.


Voy terminando, supongo que el instrumento que rodea la canción de Silvio es el oboe, pero no estoy seguro, me suena a esos primeros compases de la banda sonora de La Misión, y me suena muy bien, el instrumento va por un lado y la voz por otro y de vez en cuando se juntan para después volver a ir cada uno por sitios diferentes. Me parece insuperable y creo que es una buena banda sonora para nuestra pequeña expedición, porque eso de llevar a bordo un “beso espadachín” es buenísimo, casi tanto como viajar con nuestros cadetes, casi.


Y ya, en otra vida, hablaremos de la excelencia en el ciclismo, porque ahora veo las fotos de los cadetes en la última curva del Tourmalet con la inmensidad del valle de fondo y nuestra banda sonora a todo volumen y veo que hemos vuelto a ganar sin necesidad de buscar la excelencia con quince años, porque no hemos podido llegar con nuestros cadetes muy lejos y muy felices, nada más y nada menos que al Tourmalet.


Willow.


Para el tema de hoy, “Expedición”, estaba claro. Recomiendo auriculares y subir el audio “biende”, ya sabéis, y si alguien me puede resolver mi pequeño dilema sobre el oboe, mejor.