Pello A. me llama “calentao” cuando vamos en la bici, dice que se me inyectan los ojos en sangre al más mínimo cambio de ritmo que puedan hacer, y si es en subida ya directamente me vuelvo loco, dice todo esto y también dice “tirar de clase” para intentar seguirme, algo que evidentemente lo tomo como un alago, porque a pesar de buscar en lo más profundo de su ser más competitivo, no lo consigue, ni siquiera se pone a mi altura, que se joda, a llorar a la llorería.
Asier L va a lo suyo, no dice nada, pero ataca sin compasión y siempre, y lo mismo le da la cuesta abajo, la cuesta arriba, o un avituallamiento en una fuente, tremendo. A pesar de su tierna edad me recuerda al ciclismo ochentero de los Cabestany, Arroyo e Hinault, donde no había máscaras ni ganas de reír, como en el temazo “De espaldas a mí”. Y tampoco hace ascos a sus rivales, que pueden tener desde los 12 años de un alevín a los 18 de un junior, pasando por mis “treinta y algún años”, de locos.
Javi T hace lo que puede, pasa discreto y de puntillas y no para de hacer kilómetros, sobre todos los lunes, cuando para todo el mundo nace muerto el nuevo día, él le mete tres cifras a la mierda del Strava. Tiene muchísimo vicio y un Pamplona Salou pendiente, que dudo que su huerto de excusas, al que le suele dedicar mucho tiempo últimamente, le permita realizar.
Y luego está Romeo G, que directamente no está, o si está, está un rato, y luego está con todos en el café de Olloqui, y también está cuando se le necesita, eso también, y se le necesita mucho.
Mención especial para Sofia L, que tiene la manía de bajar la cuesta de Beloso a dos mil por hora y sin parar de hablar. Luego ya se va calmando con los infantiles camino a Zubiri, pero jamás he sufrido tanto bajando una cuesta, nunca. Me recuerda a aquella anécdota que cuenta Chente García una vez que se cruzó con Miguel Induráin en bici y éste le empezó a hablar y hablar y hablar hasta que Chente, ahogado perdido y sin poder contestar sentenció…… “Miguel, o hablamos o andamos en bici, pero las dos cosas no puedo hacer”.
Y nos viene Miguel en poco tiempo a este pequeño club de entrenadores, pero no Induráin, no, el que nos viene es Miguel Iriberri, y nos viene al club, a los entrenamientos y a nuestro día a día. Porque a estos piques sobre la bici no está invitado y si viene, no va a contar para ninguna clasificación de nada y ningún tipo de apuesta. Está más fuerte que el vinagre desde que ha tomado descanso de su entrenamiento cerrado de series y vatios y por lo tanto y como nos gana fácil, lo mejor es que no venga y si viene que no cuente para nada.
Porque somos gente seria, con criterio y con alma cicloturista, así que seguimos al pie de la letra el principio que dice que si alguien te gana fácil, échalo del grupo rápido, antes de que pueda hacer amistad con la gente y luego sea más traumático mandarlo a freír churros.
Sólo hay dos tipos indestructibles que me pueden preocupar por el momento, dos hombres de acero de dos metros cada uno, dos elementos que cuando andan en bici planchan la carretera. Dos bestias pardas que en el llano te funden en cinco minutos. Oscar y Mario, la suerte es que Pepe les considera amigos suyos, amigos de guardia diría yo, y últimamente se dedican a cargar y descargar el pódium en las carreras y a mover las vallas de meta y postes varios de cinco en cinco y sin pestañear.
Soy consciente de que Pello terminará de pillar el punto de pedal que tenía hace dos años y nos pasará por encima a todos (aunque con Asier tengo mis dudas). Su tenacidad y afición juegan a su favor y la fecha de mi DNI en mi contra. Pero de momento esta como la canción de Mikel Erentxun “a un minuto de mi”, que se joda, por más que se empeñe en decir que si me cierra el hueco subiendo, luego me gana en el sprint en el alto. No se lo cree ni él, y no le pienso dar opción a hacerlo.
De momento tengo tanto margen con nuestro jefe en juniors, que cuando quedo con él voy sin desayunar y con 10 kilómetros de carrera a pie en las piernas, para hacerlo más interesante, para ver si consigo divertirme un poco, pero nada, uno va subiendo “a medio gas” y en plan “disfrutón total” sin “a penas apretar” como en una “zona 2 vulgar” y va dejando de oír respiraciones a su paso. ¡Ah! Y sin necesidad de tirar de clase, nada, nada.
Así de entretenidas son las salidas de los entrenadores del Villavés en bici, un tiempo en el que nos volvemos cadetes, tenemos épicas victorias y sonoros fracasos, como un buen puñado de batallas que van dejando cuentas pendientes por las cunetas de nuestra N-135.
Es la suerte y la desgracia de la bicicleta, donde el collado de Lusarreta puede ser Hautacam y tu amigo de coche durante una temporada es tu “enemigo más íntimo” en veinte minutos, el que consigue sacar lo mejor (o peor) de ti, incluso a algunos les lleva a eso de “tirar de clase”, en fin.
Desde mi posición de “calentao” y consciente de que mis días de gloria frente a esta panda de jovenzuelos tienen los días contados, diré que será un honor ser barrido por todos ellos, son buena gente y les estoy muy agradecido, me han hecho un hueco en el staff del club y de esta forma he vuelto al filo de otra edad donde no había máscaras, como dice la canción, pero si muchas ganas de reír.
Willow
Termino con la cancíon, como siempre:
Os dejo con el temazo “De espaldas a mí” con Iván Ferreiro, es el directo de Victoria Eugenia, un concierto que me ha acompañado en muchos vuelos sobre la bici, donde está la mejor versión de aquel “A pleno sol” que fue en himno de la RAAM.
La idea de poder volver al filo de otra edad, a la tiza escolar, al amor en un bloc, a un colegio, a un montón de cosas sencillas pero tremendas, para después declararse mayor sin un gramo de madurez, me encanta.
Disfrutadlo, no hace falta que tiréis de clase, sólo subir el volumen, y dejaros llevar al filo de otra edad.