“Darle la vuelta al cuerpo; blog de un ciclista de ultrafondo”

LA VIDA AVANZA CON EL LABIO PARTIDO, PERO YO TENGO A PERDI

Me gusta esa frase de Diego Vasallo, “la vida avanza con el labio partido”, una de sus perlas, esta vez en la canción “Cuando llegue el fin”, una idea interesante porque siempre he desconfiado del que va por la vida con una felicidad galáctica a prueba de bombas, en la que nada falla y todo es azul.

Uno es dueño de ponerle la intensidad que le dé la gana a los problemas o desencuentros o decepciones. A mí cuando me parten el labio me centro en pensar que una vez Perdi corrió a mi par a 47 grados sobre el desierto de Arizona, diciéndome dos millones de cosas bonitas para que no me bajara de la bicicleta, y recuerdo que nunca nos rendimos y que fuimos eternos. Y entonces se me olvida el labio roto, el dolor del golpe y hasta quien me lo ha dado.

El viernes pasado tuve un encuentro con mis dos nuevas jefas, muy majas ellas, por si leen el blog, que no lo creo, no se les ve inquietudes en torno a las dos ruedas o la Guibson de Mikel Erentxun, y yo no sé mucho de nada más así que no me leen fijo, o eso espero. Pero tuvimos el encuentro, un gran encuentro, sin duda.

Enseguida pensé aquello de Joaquín Sabina “otra vez a perder un partido sin tocar el balón”. Así fue, goleada guapa, entre cinco y siete goles, perdí la cuenta o decidí perderla porque era viernes y tenía un fin de semana por delante, a pleno sol y con mi Pinarello roja, porque en mis sueños mi bicicleta es roja y vivo sobre el Océano Pacífico, el mar más azul y bonito que he visto nunca.

No os preocupéis, nada serio ¿vale? Jamás me metería en un jardín que no sea el de rosas de Duncan Dhu. Porque nada merece la pena que al día siguiente un gran amanecer que empañado, oscuro y gris, nada. Ni que la cabeza impida disfrutar de una noche sobre la bicicleta o una puesta de sol familiar en las playas infinitas de las Landas. No, nadie se merece llevarse semejante trofeo.

Un heladico de Nalia por la tarde fue como llegar a Tuba City, en la reserva de los Indios Navajos, el final de los tres desiertos que es la parte más comprometida de la RAAM, la que nos llevó al Monument Valley y al punto de Forrest Gump, el amanecer más bonito que he visto nunca. El helado y mis amigas de guardia me recordaron que esa misma noche teníamos a Forrest Gump en la tele, con los seis minutos más mágicos del cine para mi gusto, cuando emprende ese viaje de ida y vuelta a través de América sólo por la felicidad que le produce correr. Un disparate total.

Mira que he empezado torcido el blog, así en plan gris, gruñón, y según voy dándole a la tecla lo voy haciendo azul, y me vengo arriba y ahora mismo ya ni me acuerdo del periódico, ni de la goleada guapa que me metieron, tengo la cabeza a caballo entre las próximas vacaciones familiares, el viaje feliz de Pamplona a Cambrils con los del Tenis y el buen rollo que me dan los cicloturistas de Orkuci con Joaquín Unzué y su ilusión a prueba de bombas a la cabeza. Les mola compartir conmigo planes, proyectos y paellas. Son un gran grupo y me alegro que cuenten con el ultrafondista venido a menos.

Así que me encanta que la vida avance con el labio partido, me parece una gran opción de vida y juego con ventaja, tengo a Perdi a mi lado y para siempre.

"Mamá siempre decía que había que dejar atrás el pasado antes de seguir adelante. Creo que por eso corrí tanto. Había corrido 3 años 2 meses 14 días y 16 horas".

Willow.

Se me olvidaba, Adolfo: Comenta con tu colega Curro Huete que necesito un dorsal para la Subida al Veleta, un Ultra Trail de 50 kilómetros con Juli, nuestra muy mejor amiga allá por Cabra. El caso es que por “Causas y Azares”, que dice Silvio Rodriguez, han llegado al tope de inscripción y me he quedado sin dorsal. Que ya sé que esto no viene a cuento en el blog, pero no sé, mi jefas nuevas no me leen pero vete a saber sin me leen en Granada y me pueden echar un cable….