“Darle la vuelta al cuerpo; blog de un ciclista de ultrafondo”

SE RIFA LIBRO DEL 50 ANIVERSARIO DEL VILLAVÉS, AHÍ LO DEJO

Ya pasó la presentación del club y fue tremenda. El nuevo marco del auditorio de la casa de cultura junto con un trabajazo de dos súper madres de corredores, Maite y Mónica en la parte de imagen y sonido, hicieron de la presentación del 2023 la mejor que recuerdo y llevo la triste cifra de 34 eventos.


Triste porque da una idea de mi edad, que podríamos decir que roza la del club, que con sus 48 años de vida lo sitúan entre los históricos de Navarra, como entre la primera parte y la segunda de la vida. O quizás sea un club sin fecha de caducidad, un club para siempre y no tenga el problema que asola a este blog venido a menos, el maldito paso del tiempo, eso que se debe llamar “cronofobia”, o eso dicen, porque yo no sé mucho de nada.


En dos años celebrará su 50 aniversario, y decían en el aperitivo posterior a la presentación, que se está rifando a quién le cae escribir el libro que documente esta segunda parte de la vida y que lo celebre y lo deje allí para siempre, como el que nos tocó escribir para celebrar los veinticinco años, allá por el año 2000. Aquel fue un año especial, y muy chulo.


Ese año al acompañamiento habitual que me tocaba con los Juveniles, escuelas de ciclismo y las duras cuentas del club, le iba a dar una vuelta de tuerca con la primera Bordeaux Paris de 600 kilómetros y el libro del club. Siempre compartido y siempre con una sonrisa, o casi siempre. El grupo de jóvenes entrenadores, que éramos los Pello Arellano de ahora, nos propusimos festejar por todo lo alto el cumpleaños del club, y lo conseguimos vía libro, con Irache y Amaia Gurbindo, periodistas profesionales ellas, y amigas, empujando con fuerza el proyecto.


Escribimos el libro, con sus entrevistas, lo documentamos, reunimos a viejas glorias, mil fotos, tiramos de archivos en la Federación, en nuestros patrocinadores, nos peleamos con su presupuesto y buscamos financiación para no penalizar la actividad diaria del club. Y lo conseguimos.


Fue en un gran año, de los que más vivo me he sentido, al nivel de los años de las carreras de la Copa del Mundo de Ultrafondo, una locura de año. Porque los mejores años en lo cotidiano los he tenido realizando estas cosas tan difíciles para mí fuera del día a día, como escribir un libro o correr una carrera de 2000 kilómetros.


Perdón, desde que me ha sentado Miguel en este balcón con vistas al Villavés, ando un poco en bucle, bailando con los recuerdos, a caballo entre las ganas de escribir la historia de los últimos 25 años o volver a participar otra vez en los siguientes. Como siempre, no tengo nada claro. Pero el libro, ese fue un gran libro.


Voy terminando. La semana pasada recibí a un grupo de alumnos de la Universidad de Navarra que ha tenido una idea tan peregrina como centrar su trabajo de fin de carrera de periodismo en la figura del ultrafondista venido a menos. Me hizo gracia y también ilusión. Después de unos tres años que ya no me llamaba ni Blas, volví a sentarme delante del mapa de la RAAM con una cámara en una entrevista de algo más de una hora.


Yo intenté explicarles que fui feliz con la bicicleta en los desiertos de Arizona a 50 grados y bajo el agua 48 horas seguidas por los alpes Austriacos. Y que casi me da algo por Arnedillo camino de Madrid después de salir de Bordeaux, y que hacer el Camino de Santiago sin parar me ha gustado tanto que lo he repetido siete veces.


Ellos quedaron en llamarme, por si les faltaba alguna pregunta o necesitaban aclarar cualquier tema, o eso dijeron. Todavía no lo han hecho, no sé, no tengo claro si andarán liados o comenzando un nuevo proyecto para su trabajo de fin de carrera, algo serio, que merezca la pena contar.


Y ahora que escribo estas líneas, se me ocurre que si ya me han descartado para su proyecto igual les endoso el libro del 50 aniversario, a ver qué dicen.


Willow

¡Abrázame con canciones de amor! ¡Arriba ese audio!.